Ignacio Casares

  El otro día me quedé pasmado ante el televisor viendo un reportaje. Trataba sobre un estudio científico realizado en los Estados Unidos. El científico que lo realizó se convirtió en una estrella al sacar unas conclusiones a raíz de un estudio clínico. Analizó con todo tipo de aparatos las muertes súbitas de unos bebés de una misma familia. Elaboró unos complicados patrones por los cuales se podría conocer los bebés en riesgo. Algunos de sus colegas no fueron capaces de reconocer que no los entendían. Al cabo de más de veinte años se comprobó que el único patrón que acabó con  la vida de los cinco niños de esa familia fue la tendencia homicida de la madre.
El equívoco es la sal de la vida y el aliciente que nos mueve a pensar, es decir, a cuestionarte la realidad. El pensamiento sólo se activa ante una contradicción aparente. Por ello, me afano en que nada sea lo que parece, que lo que parece que te despista sea cierto, crear sensación de incertidumbre. Fomentar la duda, dar la sensación de inseguridad hasta en el lenguaje empleado. Aunque no se lleve, aunque lo que se ve por ahí esté blindado de una seguridad (sobre todo formal) que huele a academia. 
Mis cuadros y fotomontajes hablan, sobre todo, de la apariencia y lo real, el eterno debate, poniendo en cuestión las emociones o lo que sea. El verdadero pensamiento comienza con una negación.
Aunque parezca un caos, todo tiene una explicación. Lo desvelaré ( o no) hablando sobre los cuadros, aunque no parezca que hablo sobre los mismos.

 

 
 

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